LA PRINCESA Y EL VIOLIN

Jacinto, un muchacho muy trabajador, cansado de prestar servicios en una granja, se despidió de su amo para ir a recorrer mundo. El granjero, abusando de la ingenuidad del muchacho, sólo le habia pagado tres monedas.

Ahora soy rico -pensó el muchacho- y no necesitro trabajar.

Al atravesar el bosque se encontró con un enano que le dijo con tono lastimero:

-Tú eres joven y fuerte y puedes trabajar. Yo soy un pobre diablo y no puedo ganarme el pan fácilmente.

Jacinto, compadecido, entregó sus tres monedas al enano.

El enano, agradecido por la generosidad del joven le obsequió con tres dones: un violín mágico, una escopeta que siempre daba en el blanco y la gracia de que cuando preguntara algo, nadie pudiera dejarle sin respuesta.

-Gracias -dijo Jacinto-. ¿Qué más puedo desear?

Un poco más allá una bella muchacha estaba escuchando el canto de un pájaro.

-Tu canto me molesta y no me deja dormir por las noches -dijo la muchacha, que era una princesa-. Daría cualquier cosa para que te marcharas lejos de aquí.

Jacinto, que había escuchado las palabras de la joven, disparó su escopeta y el pájaro se marchó asustado.

-¿Estás satisfecha? -preguntó el muchacho a la princesa.

-No -respondió ella-. Tu escopeta produce un ruido todavía más desagradable que el canto del pájaro.


El muchacho, para castigar el mal humor de la princesa, y por divertirse un poco, empezó a tocar el violín encantado.

-¡Oh! -suplicó la princesa, viéndose obligada a bailar sin descanso-. ¡Deja de tocar ese dichoso violín! Te daré lo que quieras.

Jacinto dejó de tocar y la princesa le entregó un anillo que le había regalado su padre el dia de su cumpleaños.

-Puedes quedártelo -le dijo-. Es de oro y tiene mucho valor.

Pero al llegar a palacio, la princesa acusó al muchacho de haberle robado el anillo y los soldados le prendieron.

-No he robado el anillo -dijo Jacinto-. La princesa me lo dio por su propia voluntad para que dejara de tocar el violín.

-¡Miente, padre mío! -gritó la princesa-. Sus mentiras son tan grandes que no caben en este palacio.

El rey, creyendo que su hija decia la verdad, ordenó que el joven fuera ajusticiado.

Jacinto solicitó una última gracia que le permitieran tocar el violín.

-¡No se lo permitáis, padre mío! -gritó la princesa.

-¿Cómo puedo negar su último deseo a un condenado a muerte? -dijo el rey.

El joven empezó a tocar el violín y todos se pusieron a bailar, sin poder detenerse.

-Dime, princesa -dijo Jacinto-: ¿no es cierto que me entregaste el anillo por tu propia voluntad?

Con tal que dejara de tocar el violín, la princesa no vaciló en confesar la verdad.

-Tú eres quien merece el castigo, hija -la reprendió el rey.

Pero Jacinto, siempre generoso, intercedió por ella. Con el tiempo, la princesa se casó con Jacinto y se corrigió de todos sus defectos.

 

FIN


Comentarios: 6
  • #6

    gfdfdgertrffvgfrgfr (lunes, 29 agosto 2016 23:20)

    ngbvnghnhggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggdc

  • #5

    Karol (lunes, 29 agosto 2016 16:34)

    Me encanta

  • #4

    luzmel (lunes, 16 mayo 2016 18:43)

    megusta mucho es muy bonito

  • #3

    sinahi (domingo, 28 febrero 2016 02:14)

    Hola

  • #2

    Nana (sábado, 30 enero 2016 22:16)

    Muy lindo el cuento me encanto jacinto era un buen muchacho pero
    esa prinsesa muygusta eso es lo unico q no me gusta pero todo lo demás me gusta tedoy solo eres#1

  • #1

    juan (sábado, 03 octubre 2015 20:39)

    no me gusto