LA ZORRA Y EL MONO REY

Un día el león, rey de los animales, recibió un disparo de un cazador. Los animales del lugar estaban preocupados: tenían que elegir a otro rey que pudiera defender su reino.

-El leopardo es el más cualificado, por ser el que más corre -dijeron algunos.

-No deberíais decir eso. En cuanto veo a un hombre salgo huyendo -dijo el leopardo, rechazando el ofrecimiento.

-¿Y tú, rinoceronte? Tú eres el más fuerte de todos nosotros ¿no es así? -preguntó otro animal.

-¡Oh, no! Tengo tan mala vista que me choco con los árboles fácilmente -dijo el rinoceronte, negándose también.

-Elefante, ¿que te parecería ser rey? Tú eres el más grande -le dijeron.

-No. Mi enorme cuerpo impide moverme con rapidez. Por eso no soy un buen luchador -respondió el elefante.

Los animales estaban a punto de marcharse porque no sabían qué hacer, cuando el mono dijo riéndose:

-¡Es fácil! ¿No fue una persona quien mató a nuestro rey?

-Pero una persona no puede ser nuestro rey

-dijo la zorra.

El mono contestó orgulloso:

-Por favor, miradme bien. ¿Acaso no me parezco yo a los humanos? Soy también el más inteligente de la selva.

El resto de los animales se dejaron convencer por sus palabras.

-Por tanto -concluyó el mono presuntuoso- yo soy el más adecuado para ser vuestro rey.

De mala gana, los animales nombraron rey al mono.

Una vez convertido en rey, el mono no hacía nada propio de su cargo excepto comer deliciosos manjares mientras permanecía sentado en su trono con aires de autoridad todos los días.

La zorra, que pensaba que ella era la más inteligente, estaba enfadada con el mono, quien con tanta arrogancia trataba a sus amigos. Se decía para sí: "¡Vamos, mono insensato! ¿Cómo puedes decir que eres tan listo como una persona?

Tal vez te parezcas a los seres humanos en tu aspecto, pero no en tu inteligencia."

"¿Sabes una cosa? Dicen que la inteligencia del mono es tan corta como tres pelos de su cabeza. Es decir, que te falta la mente de los humanos" , pensó.

-Señor, he encontrado una comida deliciosa hace un rato. Estoy seguro que sería de su agrado.

Déjeme que te lleve allí.

-¡Buena idea! Llévame allí -ordenó el mono con arrogancia.

La zorra llevó al mono al interior de la jungla. Allí estaban amontonadas, delante de los ojos del mono, todas sus frutas favoritas. El mono se lanzó vorazmente hacia ellas cuando, de pronto, una puerta cayó con gran estruendo y lo atrapó dentro de una jaula.

-¡Socorro! -gritó el mono mientras trataba de salir de la trampa desesperadamente.

-¡Ja, ja, ja! ¿Cómo es posible que un rey, lo bastante estúpido como para caer en una trampa que ha puesto un ser humano, sea capaz de defender su reino? No queremos a un rey que no puede defender a su reino, y que tiene una actitud tan altanera como la tuya.

Y diciendo esto, la zorra se marchó triunfalmente, dejando al mono en la jaula.

Poco tiempo después, llegó un cazador para revisar su trampa. Al ver al mono en ella, lo capturó y se lo llevó a su casa.

-¡No debí haber sido rey! -se lamentó el mono, con lágrimas en los ojos.

 

Moraleja: Si no tratas a tus amigos con respeto, perderás su amistad