EL ÁRBOL MÁGICO


Una mañana, un niño indio fue al río a pescar con su padre. Todavía no sabía pescar, por lo que el padre estuvo un buen rato a su lado para mostrarle cómo debía hacerlo. Poco después, un pez enorme mordió el anzuelo.

-¡Es el pez más grande que he visto jamás! -exclamó el niño ilusionado

-¿Quieres que lo asemos para comer? -sugirió el padre.

El niño observó el pez y dándose cuenta de que tenía mucha hambre, asintió. Rápidamente, amontonaron leña seca entre los dos, el padre encendió un fuego y, mientras esperaban que se consumieran las llamas y quedaran unas buenas brasas, limpió el pescado y lo ensartó en una rama para asarlo.

-Té te quedarás aquí, vigilando el pescado -explicó el padre al colocar el pescado encima de las brasas-. Cuando empiece a dorarse, me avisas.

El niño se sentó cerca de la hoguera sin quitar ojo al pez. Mientras, el padre regresó al río y continuó pescando en silencio.

-¡Padre! -exclamó finalmente el niño.

Pero su padre lo mandó callar.

-¡Padre! -repitió el niño en un tono de voz más bajo.

-¡Chsst! Me asustas la pesca -le susurró el padre.

-Pero padre, el pescado está dorado -dijo el niño.

Pero lo dijo en voz tan sumamente baja que el padre no lo oyó.

Estaba concentrado en pescar un pez tan grande como el que había conseguido su hijo y no prestaba atención a lo que pasaba a su alrededor.

Como el padre no acudía en su ayuda para apartar el pescado del fuego, y el niño no quería que se chamuscara, decidió actuar por su cuenta. Buscó un palo largo e intentó sacarlo., sin éxito.

Finalmente, acercó las manos a las brasas y con un movimiento rápido, asió la cola del pez.

-¡Ay! ¡Me esto quemando! -se lamentó levantando inconscientemente los brazos.

El pez se escurrió de sus manos, voló por los aires y cayó sobre su cabeza propinándole un terrible golpe.

-¡Huy! -se quejó el niño.

-¡Huy, huy! -oyó que repetían unas voces que se dispersaban por el bosque como un eco.

Entonces sintió miedo. Miró a uno y otro lado, y no pudo descubrir de dónde  procedían aquellos lamentos. Pensó que tal vez el pez o las brasas del fuego estaban hechizados. Corrió hacia el árbol más cercano, cuyas frondosas ramas caían hasta a ras del suelo y trepó por él.

-¡Ayúdame, buen árbol! suplicó.

El árbol era el hogar de los espíritus del bosque, acogió al niño y decidió ayudarlo. Comenzó a elevarse por encima de los restantes árboles hasta que su copa casi rozó el cielo.

El niño indio no se atrevió a moverse en todo el día. Cuando llegó la noche, oyó las conversaciones de los espíritus del bosque, y descubrió tantas cosas nuevas e interesantes que se olvidó de su familia, de su aldea y de todo lo demás.

Pasó un día, dos, tres... y perdió la noción del tiempo sentado entre las ramas de aquel gran árbol.

Por las noches, los espíritus hablaban con las estrellas y estas les respondían y les contaban las historias de las constelaciones y de los cuerpos celestes. Utilizaban un lenguaje extraño, distinto del que usaban los humanos.

Al principió, el pequeño indio no entendía nada, pero con el tiempo aprendió a descifrar los signos y aprendió a distinguir las estrellas por su nombre, su brillo, su tamaño, sus colores...

Así pasaron los meses. De pronto, un día el niño sintió añoranza de su familia, de su aldea, de los juegos con los otros niños y pidió al árbol que lo dejara bajar e irse a su casa.

-¿Que te ocurre? -le preguntaron los espíritus.

-Echo de menos a mi familia -respondió el niño.

De inmediato, el árbol volvió a su tamaño natural, por lo que el niño pudo descender de su rama y regresar a su aldea.

-¡Padre, Madre! -llamó al entrar corriendo en su cabaña.

La sorpresa de su familia fue enorme, pues lo habían buscado durante mucho tiempo y finalmente habían perdido las esperanzas de encontrarlo con vida.

A partir de entonces, cada noche se dedicaba a observar las estrellas, a repetir sus nombres y a enseñar a los demás todo lo que había aprendido de los espíritus del bosque durante su estancia en el árbol

Con el paso del tiempo, los habitantes del lugar lo consideraron un hombre sabio.

A lo largo de su vida ,regresó muchas veces junto al árbol de la orilla del río para escuchar las voces de los espíritus  que habitaban en él. Sin embargo, los espíritus ya no volvieron a hablarle nunca más.


Cuento popular de las Islas Salomón


Comentarios: 15
  • #15

    SOY SUPERHAPPYCHUBER (martes, 29 noviembre 2016 21:13)

    El cuento del árbol mágico es lindo y bonito

  • #14

    Chicas chic@ (martes, 12 julio 2016 10:58)

    Me encanta este cuento solo se es un poco aburrido

  • #13

    Esperanza (viernes, 17 junio 2016 21:30)

    Esta muy bonito el cuento

  • #12

    ighna (jueves, 02 junio 2016 00:33)

    gua hoooooooooooooooooooo

  • #11

    Hanna (lunes, 23 mayo 2016 23:06)

    7707

  • #10

    ... (martes, 22 marzo 2016 22:11)

    x dios lo copie tod est rre buen

  • #9

    34gfgyygyygyrtryf (martes, 16 febrero 2016 20:50)

    kihgrf

  • #8

    Sandra juzman (miércoles, 23 diciembre 2015 01:54)

    Esta muy bien hasta me saque un 10 en lectura que hasta la maestra me felicito y me dio un regalo ☑☑

  • #7

    Súper leo (sábado, 05 septiembre 2015 05:02)

    bonito cuento

  • #6

    gabriela (jueves, 27 agosto 2015 10:52)

    no tengo palabras para describir nada pero una frase si e visto las imagenes ime emocionado

  • #5

    Cristina (domingo, 09 agosto 2015 02:46)

    Ese cuento me encanto

  • #4

    fran (lunes, 01 junio 2015 17:50)

    Patético

  • #3

    duck (domingo, 24 mayo 2015 21:05)

    ????????????????????????
    No entiendo

  • #2

    AMI (jueves, 23 abril 2015 01:33)

    ESTE CUENTO MEPARECIO MUY INTERESANTE Y FABULOSO PERO NO MEGUSTO
    FUE QUE EL PAPA LE ABIA DICHO QUE SE CALLARA UN PAPA DEVERIA
    NO DESIRESO

  • #1

    Raúl (domingo, 05 abril 2015 00:18)

    Raro