EL ZORRO Y EL CUERVO

Un granjero trataba de dar alcanze a un travieso cuervo que acababa de robar un trozo de queso de su cocina, mientras gritaba:

-¡Eh, cuervo ladrón!

El cuervo huyó volando hacia el bosque y se posó en un árbol para recuperar el aliento.

"Aquí estoy a salvo del granjero", pensó. "Ahora me comeré el trozo de queso".

Justo entonces, pasó por allí debajo un zorro hambriento.

¡Mmmm! ¡Ese queso tiene buen aspecto!

"Engañaré al cuervo y se lo quitaré", pensó el zorro, y luego dijo al cuervo:

-Cuervo, qué apuesto eres. -El cuervo cerró los ojos en actitud vanidosa-. Ni siquiera las plumas del pavo real son tan bonitas como las tuyas.

El cuervo extendió sus alas con orgullo, sin darse cuenta de que lo estaban engañando.

-¡Que maravilla! Siendo tan bello, seguro que también tienes una voz tan bonita como la de un canario -dijo el zorro en tono adulador.

El cuervo estaba tan emocionado que abrió mucho el pico para que el zorro pudiese oír su voz.

-¡Croa! -graznó, mientras el queso caía al suelo, que era lo que el zorro estaba esperando para comérselo de un bocado.

 

 

Moraleja: No te dejes engañar con halagos, pues te puede costar caro.

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