El fantasma carnívoro

Estos piratas estaban enfadados con su capitán. LLevaban fatal eso de que les 

hiciera fregar la cubierta del barco, y tampoco les gustaba un pelo lo de

limpiar la bodega, ni lo de lavar la ropa...

El capitán les obligaba a lavarse la cara y a bañarse... ¡puajjj, con jabón!

A los piratas les parecía una tortura tener que peinarse y cepillarse los dientes.

Pero lo peor de todo era tener que comer ensalada mientras cantaban:

¡Lechuga, lechuga, que rica que está! ¡Tomate y pepino, queremos más!

Si las cosas seguían así, aquellos piratas tan limpios organizarían un motín...

-¡Mirad! ¡Una isla misteriosa! -exclamó uno de los piratas, señalando el horizonte.

-¡Es la isla del fantasma carnívoro! -gritó otro.

-Parece una chuleta con palmeras de lechuga y tomate.... ¡Abandonemos allí al

capitán, ya que tanto le gusta la verdura!

-aulló uno más.

Los piratas ataron al capitán, pero cuando lo iban a tirar por la borda, una enorme

mano de niebla los atrapó  a todos, atrayéndolos hacia la isla.

Entonces se oyó una espantosa voz: -Soy el fantasta carnívoro...

¡Me encanta la carne! ¡Os comeré a todos! -gritó....antes de que un ataque de tos lo

dejara sin respiración.

-¿Carne? ¡Ya nos gustaría a nosostros un buen chuletón! -bromeó un pirata.

No es que los piratas no comieran carne.. ¡Es que el capitán los tenía acostumbrados

a comer de todo!

-¡Silenciooooo! ¡Os voy a com....! ¡¡Cof, cof, cofff! 

El fantasta tosió tan fuerte que se puso rojo como un tomate.

 

Entonces el capitán se dirigió al fantasma:

-Estás enfermo, muy enfermo. No creo que vivas el tiempo suficiente como para

comernos...

Si te digo cómo puedes curarte ¿nos dejarás libres?

El fantasta, que no paraba de toser, asintió desesperado.

-Tienes tos porque solo comes carne...

-le dijo el capitán-. Debes comer verdura. Y además, ¡tienes que limpiar la isla!

Los piratas pensaron que su capitán se había vuelto majareta... ¡Pedirle aquellas

cosas nada menos que a un fantasma carnívoro!

-¡Trato hecho! -respondió el fantasma-. ¡Pero no os liberaré hasta que me cure!

El fantasma carnívoro pasó un mes entero comiendo verdura, y cuando se curó la

tos, cumplió su palabra y liberó a sus prisioneros.

Los piratas comprendieron entonces que, sin verdura y sin limpieza, ellos también

se habrían puesto enfermos...

¡Su capitán los había salvado!

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