EL ÁRBOL DE LA FELICIDAD

Aunque  nada le faltaba al rey porque  tenía cuando deseaba, nunca estaba contento; siempre quería más y más.

 

Un día le dijeron que junto a Palacio vivía una joven muy pobre que solamente tenía una miserable cabaña y un árbol en el corral, pero que gracias a este árbol, la joven era completamente feliz.

 

-¡Qué me traigan inmediatamente ese árbol! -ordenó el rey.

La Guardia Real fue a la cabaña de la joven, arrancó el árbol con raices y todo y lo llevaron al jardín real donde fue plantado.

Pero  ¡que raro! Aquel árbol sólo producía una música triste; tan triste que todo el que la escuchaba lloraba amargamente, incluso el mismo rey.

-¿Por qué, ese árbol que antes hacía felices a cuantos escuchaban su música, ahora sólo hace música triste y angustiosa en mi jardín?

 

-Señor -contestó el sabio-, ese árbol da a cada cual lo que necesita.

A la joven le daba felicidad en medio de tanta pobreza, pero a Su Majestad, como  tiene de todo, le da tristeza y angustia, que es lo único que no ve a su alrededor.

 

El rey avergonzado por haber despojado a la joven de su único bien, ordenó que el árbol fuera llevado nuevamente al corral de la joven, a la que, desde entonces, nunca le falto nada por deseo expreso del propio rey.

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