ELBICHO HOMBRE

Esto quería ser Mamá Osa con su hijo, Osito Peleón. Así le llamaban, porque el muchacho había salido más bravo de la cuenta y andaba pegándose trompazos con todo el mundo.

Siempre iba diciendo: Soy el más fuerte, o ¿quién quiere pelearse conmigo?

Naturalmente, nadie osaba enfrentarse al oso, que ya de mayor se aburría como un burro.

-Tendré que salir del bosque -dijo un día- y buscarme aventuras por ahí.

-No se te ocurra -le advirtió mamá Osa.

-Porque fuera del bosque están los dominios del hombre.

-¿Y ése qué bicho es?

-Uno al que no te conviene enfrentarte.

Con esto no hizo sino aumentar la curiosidad del oso.

-¿Y cómo es? -quiso saber Peleón.

-Por si acaso, no te lo digo. Pero ten en cuenta el refrán que dice: "El hombre, como el oso, cuanto más feo, más hermoso".

-¡Caramba, entonces es un pariente! ¡Pues a los parientes hay que conocerlos!- Y ni corto ni perezoso, en busca del hombre se fué el oso.

Anda que te anda, salió del bosque y se metió por un camino. Al poco rato, se encontró con un caballo. No le pareció demasiado feo, y si bastante hermoso.

Por si acaso, le preguntó:

-¿Eres tú el bicho que llaman hombre?

-¡Qué va! Ese es más chico que yo, pero me puede.

-¿Y cómo es posible, siendo más pequeño?

-Pues no sé qué artes se da, pero yo era un caballo salvaje y me amansó.

-¡Caramba, caramba! -dijo Peleón, y siguió andando.

Poco más adelante, se encontró con un toro.

Tampoco le pareció demasiado feo, salvo por los cuernos, que no le gustaban nada. Y desde luego, muy hermoso. 

Por si acaso, le preguntó:

-¿Eres tú el bicho que llaman hombre?

-¡Qué va! Ese es más chico que yo, pero me puede.

-¿Y cómo es posible, con esos puñales que tú tienes?

-Pues no me lo explico -contestó el toro- pero cada vez que voy a embestirle saca un trapo rojo y me torea.

-Caramba, caramba -iba diciendo el oso, cuando al ratito se encontró con un burro.

Aparte de aburrido, lo encontró un poco más feo que los anteriores, pero nada hermoso.

Por si acaso le preguntó:

-¿Eres tú el bicho que llaman hombre?

-¡Qué va! Ese es más chico que yo, pero me puede.

-¿Y cómo es posible, con esas zancas que tú tienes?

-Pues no sé cómo explicarte, ¡pero me pega una tunda! Siempre que intento sacudirme la carga me sacude él el polvo.

-¡Caramba, caramba! -meditaba el oso, cada vez con más deseos de encontrarse al bicho hombre. No se había alejado mucho, cuando se topó con un individuo que estaba cortando leña en el bosque. Le pareció tan feo al oso, que se dijo:

-No hay duda: se pone de pie, es velludo y rompe árboles como si tal cosa. Razón tenía mamá osa.

-¿Eres tú el bicho que llaman hombre? -le preguntó.

-Yo soy un hombre -contestó el leñador, con más miedo que verguenza-. ¿Qué se te ofrece?

-Pues nada, que vengo a pelear contigo-

-Pues no veo razón. Yo así no puedo pelearme  -dijo el otro.

-Bueno, entonces nos dirigimos unas razones.

-Está bien, pero no tan cerca. Separémonos un poco, porque así, de lejos, hay que gritar, y con los gritos se enfurece uno.

-Estamos de acuerdo -respondió el oso, y se apartó unos cuantos pasos. Lo mismo hizo el leñador.

Pero éste lo que pretendía era acercarse a un pino donde tenía escondida la escopeta. Así fue, que agarró la escopeta, la cargo y apuntó. El oso, como no tenía ni idea de lo que era aquéllo, no se inmutó siquiera, sino que gritando mucho dijo:

-¡Qué pasa, bicho hombre!

Y el hombre, que es el más bicho de todos los bichos, ni siquiera contestó, sino que le arreó un tiro que le pasó al oso entre las orejas, raspándole un cacho a cada una.

El oso se dió media vuelta y echó a correr. Y mientras corría iba diciendo:

-¡Que razón tenías madre mía! Si sus razones duelen tanto, ¡qué no será golpeando!

Y colorín, colorado, este osado cuento se ha acabado.