Monsters, Inc.

Monstruópolis era una ciudad bulliciosa no muy diferente de las nuestras, excepto por una cosa: sus habitantes eran monstruos.

Dos de estos eran Sulley  Sullivan y Mike Wazowski.

Eran compañeros de apartamento y trabajaban juntos en Monsters, Inc.

Su trabajo era escabullirse en las habitaciones de los niños por las puertas de los armarios. Los gritos de los niños se recolectaban y se usaban para generar energía eléctrica.

Una noche, Sulley se disponía a irse a casa cuando descubrió una niña en su lado de la puerta. ¡Era algo terrible! Todos en Monstruópolis temían a los niños, porque pensaban que eran tóxicos. ¡Y ahí estaba una niña alegre, risueña y juguetona abrazada a su cola!

Sulley estaba seguro de que era su fin, pero, extrañamente, nada malo sucedió. ¿Era posible que los niños en verdad no fueran malos para los monstruos?

De cualquier manera, Sulley sabía que tenía que esconder a la pequeña. Si la descubrían ahí, en su turno, perdería su trabajo. Debía hacer algo.

 

Sin saber exactamente qué hacer Sulley fue con Mike, que estaba en una cita. Desgraciadamente, la niña escapó y comenzó a correr por el restaurante lleno de gente.

La cita de Mike se arruinó, pero al menos Sulley y él pudieron recuperar a la niña y escapar antes se que llegara la Agencia Detectora de Niños.

En su apartamento, empezaron a observar a la pequeña. Ella pensaba que Sulley era un gatito grande y como trató de asustarlos diciendo "Boo", decidieron llamarla así.

Sulley y Mike empezaban a creer que quizá los niños no eran tan malos como les habían dicho.

-Mike, no creo que esa niña sea tan peligrosa, dijo Sulley. En realidad comenzaba a agradarle Boo.

Sulley y Mike decidieron que debían llevarla a casa de algún modo. Así que al día siguiente disfrazaron a Boo de monstruo y entraron a hurtadillas a Monsters, Inc.

Creían que si hallaban la puerta del armario de Boo, podrían regresarla.

Pero antes de que tuvieran la oportunidad de hacerlo, fueron descubiertos por Waternoose, su exigente y perverso jefe.

Waternoose y Randall, uno de sus asustadores más destacados, querían utilizar a Boo para probar una nueva máquina extractora de gritos. Sulley y Mike no lo permitirían, así que se llevaron a Boo e intentaron escapar.

"Tenemos que encontrar la puerta de Boo", le dijo Sulley a su amigo.

Entonces se inició una loca carrera. Sulley, Mike y Boo iban de un corredor a otro, saltaban de un piso a otro, y se ocultaban en una habitación y luego el otro.

Randall deseaba poner sus pegajosas manos púrpuras encima de Boo.

Con sus gritos, él podía convertise  en el Asustador Número Uno de Monsters, Inc. Ése había sido el sueño de Randall desque que comenzó a trabajar ahí.

Pero eso no sucedería mientras Sulley se interpusiera. De hecho, al correr con Boo, Sulley descubrió algo. Cuando Boo se reía, se intensificaba la energía del edificio. Sulley había descubierto que no necesitaban los gritos de los niños para generar energía... en cambió, ¡podían usar sus risas!

Esa era en realidad una buena noticia, pero Sulley aún tenía que poner a salvo a Boo.

Finalmente, Mike y Sulley hallaron la puerta de Boo, llegaron a su casa y la dejaron en su cama, y aunque fue difícil decirle adiós, Sulley estaba contento de que Boo estuviera a salvo.

Sulley les dijo a todos los Monsters, Inc., que la risa de los niños podía producir más energía que sus gritos.

Waternoose fue despedido y Sulley ocupó su puesto.

Cuando Monsters, Inc., empezó a atrapar las risas de los niños en vez de sus gritos, Mike Wazowski resultó ser uno de los mejores para captar risas en toda la compañía. La vira era buena para todos en Monstruópolis. 

De vez en cuando, Sulley aún visita a Boo y a ella todavía le gusta llamarlo "gatito".