MULÁN

Esta es la historia de Mulán, hija única del matrimonio Fa.

Comienza cuando la joven se arregló especialmente para visitar a la Casamentera, y su abuela le dio el grillo de la suerte.

 

Como Mulán quería ver a sus padres contentos, trató de agradar a la Casamentera para que le preparara una buena boda.

Pero no lo consiguió. Servir el té vestida con tantas sedas y moviendo el abanico con gracia, resultaba complicado. Al final, sin querer, prendió fuego al vestido de la Casamentera.

Mulán había fracasado y estaba muy triste, pero su padre, como siempre, la consoló. En el jardín le mostró un árbol y, sonriendo le explicó que la última flor del cerezo podía ser la más bonita. No debía tener prisa.

Los humos invadieron China.

El emperador ordenó que un hombre de cada familia se incorporara al ejército.

En casa de los Fa sólo había un hombre: el padre de Mulán, y ya era mayor.

Mulán, para salvarle, cogió su espada y su armadura, se cortó el pelo, montó en su caballo Khan y se fue.

Estaba decidida a alistarse en el ejército en lugar de su padre. En el altar de su casa sus ancestros se reunieron para estudiar la forma de proteger a Mulán. Tras discutir durante mucho rato, enviaron al pequeño dragón Mushu para que cuidara de ella.

Mushu y Grillo, el insecto de la suerte, fueron detrás de Mulán. Ella se presentó a Shang, el capitán. En el ejército chino todos creyeron que Mulán era un muchacho.

El entrenamiento militar era muy duro, pero Mulán lo resistió. Mushu y Grillo estaban con ella y la aconsejaban, aunque no siempre las cosas salían bien. Mulán acabó trepando a un poste con dos discos de bronce.

Shang condujo a sus tropas a un paso que había entre las montañas. Allí estaban los hunos, pero eran mucho más numerosos que ellos. ¡Estaban perdidos!

 

Afortunadamente, a Mulán se le ocurrió una idea. Disparó el cañón por encima de los enemigos, en la ladera de la montaña. El tiro provocó un alud, y los humos quedaron sepultados en la nieve. Pero Shan Yiu, el jefe de los hunos se salvó e hirió a Mulán.

Shan estaba contentísimo. Los soldados vitorearon a Mulán, y el médico le curó la herido, pero luego contó que el héroe era una mujer.

Shang se sintió engañado. Se enfadó y se alejó con sus hombres. Mulan, sola con Khan, Mushu y Grillo, se puso muy triste. Pero poco después se enteró de que Shan Yiu había entrado en el palacio imperial y había hecho prisionero al emperador. Amenazaba con matarle si alguien intentaba liberarle.

Mulán se dirigió a la capital. Disfrazó a sus amigos de mujeres, y de este modo entraron en el palacio y rescataron al emperador. Luego, Mulán luchó contra Shan Yiu y le venció gracias a Mushu, que dirigió contra él un enorme cohete.

La amenaza de los hunos había desaparecido. Todos aclamaron a Mulán como su salvadora. El emperador le hizo regalos y le ofreció el puesto de consejera imperial. Pero ella prefirió volver a su casa, con su familia.

Y hasta allí fue a buscarla Shang, que se había enamorado de la joven más valiente de China. Y, por supuesto ella le correspondía.